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Mostrando entradas de julio, 2016

Disquisición: las gorras

Abiertas a nuevas ideas: las gorras
Se desmiente públicamente el hecho de que la caída del cabello sólo la detiene el suelo. También lo hacen las gorras o boinas. Las gorras no tienen alas como los sombreros; modestamente, pueden volar más alto y están abiertas a nuevas ideas como veremos.
Atajan rigores climáticos, así que conservan las ideas frescas en tiempo de calor y tibias en época de frío, sobre todo si son de lana, algodón o lino. Son discretos toldos portátiles y dan personalidad, distinguen, principalmente si no llevan visera como las de beisbolista. Si bien milagros no hacen, realzan favorablemente rostros abotagados y sosos. Haga la prueba. Si se deja el bigote o la barba, mucho mejor. No necesitará perseguir incordios prohibitivos como la cultura refinada o la conversación amena de sobremesa, que por lo demás ya nadie practica.
Con atributos compartidos con el sombrero (salvo que éste, con excepciones, no se puede doblar ni guardar en el bolsillo o la mochila), sirven para s…

Disquisición: tauromaquia

Sobre la tauromaquia y otras animalidades
Pugnar a destajo por la prohibición de algo que nos disgusta es intolerancia, y ésta suele ser peligrosa. Las corridas de toros pueden ser todo lo tradicional (un atenuante, argumentan algunos) que se quiera. Innegablemente hay en ellas colorido, metáfora de la lucha humana contra la naturaleza, plasticidad y valentía. Pero son sangrientas y crueles, lo que las vuelve indefendibles como el cigarro y 99 por ciento de las películas de Adam Sandler.            ¿Es suficiente no asistir a la “fiesta brava” o hace falta protestar? Lo primero sería tapar el sol con un dedo, lo segundo tiene una cauda de implicaciones éticas y prácticas.            Para ser inatacable, la congruencia de parte de quien está en contra activamente del maltrato a los toros y otros animales debe ser integral, incluyendo a la especie humana.             Además, mucho más que simple vegetariano, debe ser vegano, una opción de vida que rechaza el consumo de productos de orige…

Crónicas sin tiempo: boxeo

Noche negra
Avanzada la primavera de 1983 Billy Collins, de veintiún años de edad, rociaba con miel su plato de rodajas de manzana cuando vio alarmado por la ventana cómo su padre descendía de prisa de la camioneta y se dirigía, con las manos vacías, a la cabaña. Su padre, también llamado Billy Collins, había salido temprano al pueblo a comprar víveres y regresaba sorpresivamente sin nada.            ─¿Pasó algo malo, papá? ─se encontraron en el umbral de la rústica construcción que habían alquilado en un paraje asilado en las Grandes Montañas Humeantes de Tennessee, como parte de la etapa final de entrenamiento del hijo.            ─¡Esto va para arriba, Billy! ¡Va para arriba! ─así que no era algo malo, sino al contrario, pensó el chico Billy─. ¡Alí va estar en primera fila esa noche, hijo! ¡El gran Mohammed Alí!, ¿te imaginas?            Camino a la camioneta a recoger las bolsas de comida, el padre contó emocionado cómo había sido. Nada más llegar al almacén, su propietario, el mis…

Cuentecillo #18

Cuento: el productor