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Disquisición: el español





A ambos lados del Atlántico, la lengua española


For millions of years mankind lived just like the animals
Then something happened which unleashed the power of our imagination
We learned to talk… (“Keep Talking”, Pink Floyd.)





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El ser humano no puede estarse quieto. Descubre e inventa cosas cada día. La lengua, su creación más compleja, también cambia, no existen barreras contra eso. Sin que apenas lo advirtamos, nacen, reaparecen y desaparecen palabras, los significados se modifican con el uso.

Pero existe un gran trecho del cambio que pudiéramos llamar natural a uno provocado por desidia y estulticia. Por ejemplo, al emplear acríticamente anglicismos crudos como hostess, fitness, CEO, escort, trainee, marry christimas (todos con equivalentes en español), o sancochados como googlear, couchear, resetear. Al decir aperturar cuando existen abrir e iniciar; recepecionar cuando está recibir. O al emplear sendos como sinónimo de tremebundos, descomunales. Es algo así como si, manejando, se agarrara la calle de todos los días con la confianza de todos los días, y darse cuenta de pronto que le cambiaron el sentido sin anuncio previo. Un desastre. 

Lo siguiente, generado por hola.com y retomado de la página principal de Yahoo en español el 19 de enero de 2016, no tiene desperdicio:

Entre tanto revival, hay una palabra que no paramos de escuchar en todas partes y que tiene visos de alcanzar su punto culminante (en términos trendy) dentro de muy poco: el choker, una gargantilla noventera que arrasó en aquellos años, y que a golpe de celeb y de streetstyle, está volviendo a copar lo más alto de las tendencias en accesorios para el cuello.

Si ya te hablábamos de ellos hace un año, como adelanto de las tendencias que estaban por venir para el 2015, doce meses después es momento de hacer recuento: entonces augurábamos que el choker minimalista sería el complemento-it de la temporada, pero la realidad ha superado todas nuestras expectativas, y hemos visto un aluvión de gargantillas de todas las formas, estilos y tamaños, prendas que incorporan chokers, pañuelos reconventidos en chokers y microgargantillas sleek, también con aspecto de choker.


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Se repite hasta la saturación que una imagen vale más que mil palabras (nótese que para sintetizar y arraigar esta idea, para muchos inapelable, se requirieron palabras, y también para plasmarla aquí). Según qué imagen y qué palabras. Una imagen poética puede valer tanto como una meramente visual, y esto pocas veces se dice. Pongamos de ejemplo un “poemínimo” de Efraín Huerta: “Hablando se enciende la gente”, o un título de película: “En un día claro se ve hasta siempre”, o el título de un libro, “A la sombra de las muchachas en flor”, o una frase popular: “Siento mariposas en el estómago”.

El lenguaje es el vehículo del pensar y las palabras desencadenan el poder de nuestra imaginación. No hay de otra. Así, leer por gusto y con regularidad es un acto de lo más fecundo, y los diccionarios no son cementerios de palabras y significan mucho más que un botiquín de primeros auxilios en casos de urgencia. Son un alimento nutritivo que debe frecuentarse con regularidad, aunque no tengamos una necesidad inmediata. No olvidemos que las palabras domingueras en una latitud pueden ser las palabras de uso corriente en otra, ni que el castellano que se estira y se moldea a la necesidad de las grandes ciudades, en las regiones apartadas puede dar la impresión de permanecer estático.

 La tecnología moderna acorta los pretextos para no consultar el diccionario. No hay ni siquiera que buscar por índice alfabético, como en los libros impresos; basta teclear la palabra, en algunos casos aunque sea con la grafía aproximada, para obtener la traducción, la definición o el sinónimo/antónimo. Pero hay que saber elegir entre la multiplicidad de opciones. En Argentina, X crea su sitio y describe entre otras la palabra changango con la mejor voluntad y desde su respetable experiencia; un mexicano hace lo propio e incluye entradas como charchina y paxtle. Es un buen acercamiento para el usuario, pero no hay garantías de rigor metodológico.

Como diccionario de definiciones generales existe el diccionario de la Real Academia. No exento de polémicas, el DRAE posee cierta fama de exhaustivo y tiene el valor añadido de ser normativo. Es decir, establece las pautas del buen español. Esta expresión causa escozor, pero todos tenemos una mínima noción de lo que significa, como la tenemos de cómo debemos ir vestidos a la primera cita con la mujer o el hombre que nos gusta. En un sentido práctico, el buen español no es sólo aquel que nos permite conversar con un andino que acabamos de conocer como si fuera un amigo de años, sino también entenderse a un tarahumara con un tsotsil, un misquito o un quechua. El español es la lengua de 500 millones de personas en ambos lados del Atlántico y el idioma puente de numerosas culturas, mayoritaria pero no exclusivamente indígenas.


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El buen español no es asunto de “pureza”, una entelequia, sino de luchar para “impedir la fragmentación de un idioma común”, como dijo Dámaso Alonso en el segundo congreso de academias de habla española, en 1956. Ya existen demasiadas fronteras en el mundo como para crear otras. Otra cosa muy distinta es aprender cuantas lenguas no maternas se deseen.

Los fenómenos químicos existen haya o no profesionistas de la química y libros de química. Así la lengua con respecto a lexicógrafos y diccionarios. Es una bendición que existan, desde luego, sobre todo si son incluyentes y, a la vez que ayudan a mantener la unidad, respetan las diferencias específicas que hacen sentir de mi patria lingüística la obra de autores como el mexicano Juan Rulfo, el paraguayo Roa Bastos, el puertorriqueño Luis Rafael Sánchez, el venezolano Rómulo Gallegos, el argentino Bioy Casares y el español Juan Goytisolo.

Ninguna lengua es mejor que otra, pero en los restaurantes pretenciosos atienden hostess y en los otros meseras. Así se van anidando los estereotipos, que quieren que las hostess sean rubias y las meseras morenas. De los estereotipos es fácil pasar a la discriminación. Entonces, hay que tener cuidado. ©





Comentarios

José Ángel ha dicho que…
Interesantes opiniones en defensa de la lengua que aprendimos en la infancia. Nos tocó en suerte el español, no otro. Entonces, por qué el epígrafe (o como se le llame a la frase después del título) en inglés? Así como es interesante lo que dijeron los Pink Floyd también hay frases interesantes de Neruda y de muchos otros de habla hispana.
!Eso no quita méritos a tu artículo! Seguramente hubo un buena razón.
Para terminar !!!Felicidades por la constancia del blog!!!
Esteban M.S. ha dicho que…
Ah, porque más abajo se retoma la frase del epígrafe (en efecto, así se llama): "desencadenó el poder de nuestra imaginación". Además, para que se ve que todas las lenguas valen y que no soy un fanático del español sin considerar a las otras lenguas. Gracias por tu comentario y por las felicitaciones. Un gran saludo.

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