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Los clásicos: Onetti




Onetti, un clásico latinoamericano

Cuando entonces

Nunca sedujo a las multitudes lectoras con ficciones deslumbrantes pobladas de situaciones y personajes mágicos o extraordinarios, como lo siguen haciendo las obras de Borges y García Márquez. Tampoco tuvo, nada más lejos de sus ojos a un tris del estrabismo y su misantropía, las habilidades extraliterarias de Fuentes o Vargas Llosa, tan atractivas como sus novelas. No obstante, Juan Carlos Onetti (1909-1994) es un clásico vivo, en el sentido que señalara Ítalo Calvino de que un clásico siempre tiene algo nuevo que decir a las generaciones, aunque por ahora es apenas un escritor de culto, es decir, mucho más citado que realmente frecuentado, leído casi sólo por inconformes como los que se reúnen en Fahrenheit 451 a leer a Shakespeare.

            No sin sarcasmo, el montevideano Onetti recrea hasta límites casi insoportables el pesimismo y la debilidad que todos llevamos dentro. Sus personajes son terrenos, buenos y malos al mismo tiempo: viciosos, corruptos, idealistas hasta la estolidez, apegados a resentimientos y pasiones. La lectura de su obra es tachada de depresiva. Cala, es cierto, pero nada que depare perspectivas o ángulos nuevos con la palabra justa y novedosa puede ser depresivo. Al contrario, es un triunfo de la creatividad que nos involucra a todos.

            Un ejemplo de su mundo claroscuro, en algún tiempo influenciado por Faulkner, es Cuando entonces, novela corta con tintes policíacos publicada en 1987, la penúltima de su trayectoria. Lamas, compulsivo jugador de ruleta, cuenta su historia en una cervecería de la apartada ciudad de Lavanda, un sitio para expiar culpas. Eldorado es un cabaret bonaerense donde, en una mesa junto a la pista de baile, determinadas noches convergen Magda, una prostituta alegre y hermosa, el comandante, un enigmático y generoso militar extranjero (un represor, se sabrá luego), y el mismo Lamas, secretario de redacción de un diario, además de los moscas, chusma parásita que se aglomera con cara de amigo para beber del whisky que paga el milico. Magda y el militar son amantes. Para Lamas ella es “un amor imposible tipo Werther”. Una madrugada en que el militar está ausente, Magda se le entrega sin amor. Para olvidarla Lamas se exilia en Lavanda, que por lo menos tiene dos ruletas, a rumiar su existencia y las de los otros.

            “Sí, cuando cumplimos quince, la gran fiesta y empezamos a esperar; vos me entendés. Y después, van pasando los años y vienen cosas y se van cosas, que así es la vida y no hay vuelta que darle. Entonces empieza el miedo, que te va creciendo poco a poco y cada vez más cada año aunque no te lo quieras confesar”.

            Igual que Lamas al amor de Magda, ésta se aferra al amor de otros, pero de diferente manera. Magda propicia porque no le gusta esperar. El amor, el corpóreo y pasional, que sólo de ése hay para ella, salva y condena. Al militar le asignan un alto cargo en su patria y tiene que partir definitivamente. Magda se suicida o es asesinada. Esta es la vida en Cuando entonces, una pesquisa desesperanzada y absurda de momentos irrepetibles. El encuentro, la pérdida y la búsqueda en el vacío del amor, que es “esclavitud y suplicio” para el animal humano.

            Festín de la concisión, crónica poética de noches cabareteras (deseo, alcohol y baile), la novela es una pequeña obra maestra llena de humor fino y a la vez ácido, socarrón. Y como toda la narrativa de Onetti, es un eficaz antídoto contra la adocenada novelística que domina el mercado hoy en día. “Para novedades, los clásicos”, rezaba el lema de una editorial argentina.

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